LIBERTAD EN CRISTO
Domingo, 25 de Junio de 2017
 Job 3-4 | Hechos 7:44-60
“No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento.” — Mateo 5:17

El propósito de la ley es revelar el carácter moral de Dios, y el efecto de la ley es poner de manifiesto nuestra incapacidad para cumplir la ley, pero esto no proporciona una solución a nuestra necesidad real. A parte de ser de interés académico, la ley no tiene consecuencias prácticas, lo único que puede hacer es crear una conciencia de culpabilidad. La ley no soluciona el problema del pecado, pero nos deja sumergidos en pecado y luchando por mantenernos a flote.

La función más importante de la ley es que "fue nuestro guardián hasta que Cristo vino", o como otras traducciones dicen: " Así que la ley vino a ser nuestra guía, encargada de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe” (Gálatas 3:24). Pablo escribe: “ Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley, sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por estas nadie será justificado” (Gálatas 2:16). En otras palabras, la ley no puede salvarnos.
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La relación del Señor Jesucristo con la ley, es que Jesucristo es el único que cumple la ley. Jesús no sólo habla de un cumplimiento sustituto de la ley en nombre nuestro, aunque eso es realmente cierto con respecto a las leyes ceremoniales del Antiguo Pacto. Además de la ley moral, dada en los Diez Mandamientos, Dios también dio a Israel la ley ceremonial, la cual implicaba rituales y reglas por medio de los cuales una persona podía acercarse a Dios. Estos rituales y reglas se realizaban a través del sacerdocio y en gran medida implicaban presentar sacrificios y ofrendas. Cuando Jesús se convirtió en pecado por nosotros, comprando nuestra salvación con Su sangre, los rituales y reglas del Antiguo Pacto quedaron anulados. Dios nunca más demandaría un sacrificio de sangre, y la ley ceremonial quedó abolida.

Sin embargo, en cuanto a la ley moral, Jesús declaró su permanencia: “Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18). La ley es más real y verdadera que la tierra que pisamos y que el cielo que anticipamos. La ley transciende tanto la existencia del cielo como de la tierra, ya que es consistente con el carácter de Dios, y Dios nunca cambia.

El cumplimiento de la ley de Dios significa la restauración de la gloria de Dios en nosotros. Pablo escribe: "a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" (Colosenses 1:27). Cristo en nosotros nos libera de la ley y Él es nuestro único medio para cumplir la ley, ya que es Él quien cumple la ley en nosotros.

ORACIÓN: Amado Señor Jesús, gracias por el cumplimiento de la Ley de Dios y por liberarnos de leyes que son imposibles de cumplir por nosotros mismos. Ayúdame a rendir mi vida completamente a ti. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cómo puedo explicar el significado de la libertad que ahora tengo en Cristo? ¿Cuál es la diferencia entre la ley moral y la ley ceremonial?
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