EL FRACASO–UN ESCALÓN
Jueves, 14 de Diciembre de 2017
 Joel | Apocalipsis 5
Desde el Néguev, Abram regresó por etapas hasta Betel, es decir, hasta el lugar donde había acampado al principio, entre Betel y Hai. En ese lugar había erigido antes un altar, y allí invocó Abram el nombre del SEÑOR. — Génesis 13:3-4

Algunos de nosotros vivimos con el temor de no volver a ser útiles para Dios después de haber fracasado y haber actuado en desobediencia, pero esto simplemente no es cierto en las Escrituras. El fracaso nunca es definitivo, pero en realidad puede ser un escalón para mejorar las cosas. De hecho, Dios a menudo obra a través de nuestros mayores fracasos.

Cuando una severa hambruna azotó la tierra de Canaán, Abram, cuyo nombre más tarde fue cambiado por Abraham, escogió abandonar la tierra a la que Dios lo había llamado y buscó refugio en Egipto. Mientras estaba allí, para protegerse, debido a la belleza de su esposa, fingió que ella era su hermana, y permitió que el faraón la llevara a su palacio como si fuera suya. Como resultado, la Biblia nos dice que “el SEÑOR castigó al faraón y a su familia con grandes plagas” (Génesis 12:17). El juicio llegó a Faraón por la desobediencia de Abram. Él no sólo engañó a Faraón, sino que fue a Egipto en búsqueda de seguridad en lugar de buscar a Dios, y todos a su alrededor pagaron el precio.
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Nuestros fracasos tendrán consecuencias, pero esto no significa que nuestros fracasos deban gobernarnos. La mejor manera de superar una caída en una bicicleta es volver a montarla. Muchos de nosotros podríamos sentirnos indignos de regresar al llamado de Dios después de haber fracasado, pero Abram sabía que su caída no debía abatirlo. Él humildemente regresó al lugar donde Dios primero hizo un pacto con él, y buscó el perdón de Dios. Abram pudo haber dicho algo así como: “Dios, lamento haberme apartado de tu voluntad. Ya no estoy preocupado por mí mismo, sino únicamente por Tu propósito para mí. Confío en ti y estoy totalmente disponible para ti.” Dios no se dio por vencido con Abram. Él se convirtió en el padre de nuestra fe y de sus descendientes nació nuestro Señor.

Habrá momentos en que actuemos en desobediencia, pero los fracasos del pasado no deben impedir que nos sometamos humildemente a Dios otra vez. Todo lo que nuestro Dios misericordioso requiere de nosotros es un corazón arrepentido y Él, no sólo nos perdona, sino que nos ayuda a volver al buen camino. Esto no quiere decir que debamos abusar de la gracia de Dios. Pablo escribe: “¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” (Romanos 6:1-2). Independientemente de cuán graves sean nuestros pecados y nuestro fracaso, Dios convertirá esos tiempos oscuros en oportunidades en las que nos daremos cuenta de nuestra necesidad de Él. Lo mejor que podemos hacer es regresar a la bicicleta, humildemente sometiéndonos a Dios y alineándonos con Su voluntad y propósito para nosotros.

ORACIÓN: Señor Jesús, te agradezco por usar mis fracasos como un medio de acercarme más a Ti y alinearme con Tu propósito. Hoy nuevamente someto mi vida a ti. Gracias Dios.
PARA REFLEXIONAR: ¿Por qué el fracaso puede convertirse en un escalón?
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