“EL TESORO ESCONDIDO”
Viernes, 18 de Agosto de 2017
 Salmos 100-102 | 1 Corintios 1
“El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo descubrió, lo volvió a esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo.” — Mateo 13:44

Ahora pasamos a ver las buenas nuevas del Reino de los Cielos. Después de hablar con las multitudes, Jesús entró en una casa con Sus discípulos y les contó estas cuatro parábolas en privado. Estas parábolas representan el Reino de los Cielos desde la perspectiva de Dios.

Una interpretación muy común de esta parábola es ver a Cristo o la salvación, como el tesoro escondido y la persona que vende todo para obtener el tesoro es el pecador penitente que viene a Cristo. Sin embargo, a la luz del cuadro completo dado por Jesús en las ocho parábolas, la anterior, sería una aproximación equivocada. Si interpretamos esta parábola de acuerdo con los símbolos ya utilizados en las otras parábolas, el hombre que vende todo para comprar el campo es el Hijo del Hombre que encuentra el tesoro en el mundo y renuncia a todo lo que tiene para comprarlo. En lugar de ser una imagen de cómo el pecador obtiene a Cristo, es una imagen de cómo Cristo obtiene al pecador. Es Cristo encontrando un tesoro en el mundo, y renunciando a todo para poder adquirirlo para Él.
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¿Qué puede ser descrito como el tesoro de Dios en el mundo? ¿En qué ha puesto Dios Su corazón al punto de darlo todo para comprarlo? La respuesta es clara y simple, el tesoro de Dios son las personas. El salmista pregunta: “¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?” (Salmo 8:4-5). Job pregunta: “¿Qué es el hombre, que le das tanta importancia, que tanta atención le concedes…?” (Job 7:17).

Si el tesoro son los seres humanos, la parábola dice: "Cuando un hombre lo descubrió...”, esto implica que lo estaba buscando. Jesús dijo de sí mismo: “Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10). Es maravilloso ser descrito como perdido, porque significa que estamos siendo buscados, y cada ser humano es infinitamente valioso y precioso para Cristo. Para obtener el tesoro, Cristo se despojó de todo, con el propósito de hacer posible nuestra salvación. Jesús no sólo murió por nosotros, sino que Él nos compró con Su sangre y pagó el más alto precio. Ser cristiano es reconocer que no somos nuestros propios dueños, sino que le pertenecemos a Cristo, quien pagó todo por nosotros. Nuestra salvación puede ser gratuita, pero no fue barata. Jesucristo pagó el más alto precio y sufrimiento por ella.

El hombre de la parábola no dudó en vender todo lo que tenía para hacer la compra. Por el contrario, “... lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo.” Esto encaja perfectamente con lo que se dice acerca de Cristo: "... quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba…” (Hebreos 12:2). Fue en gozo y alegría que Cristo hizo la transacción y nos compró para Sí con Su preciosa sangre derramada en la cruz.

ORACIÓN: Amado Señor Jesús, gracias por mirarme como Tu tesoro, gracias por haberme comprado con Tu preciosa sangre y haberme hecho Tuyo. ¡Eres mi vida! Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cuál es la correcta interpretación de la Parábola del Tesoro Escondido? ¿Quién es el tesoro escondido? ¿Qué relación podemos encontrar entre el hombre de la parábola del Tesoro escondido, y la descripción de Cristo hecha en Filipenses 2:5-8?
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